Some Authors I Hope to Read Soon

A friend of mine have asked me about which contemporary authors, in the vein of the great Golden Age of Mystery classics, can I recommend him. The first ones that came to my mind were Martin Edward’s Rachel Savernake Series, Jim Noy’s The Red Death Murders, Tom Mead’s Death and the Conjuror, and Roger Ormerod’s Time to Kill. And I started looking for other contemporary authors that I have on my TBR shelf and/or files:

The following list is not meant to be exhaustive, take it as a work in progress, and feel free to add any author that I could have overlooked in the comments. Needles to say that all or most of their books are already on my TBR shelf, and I hope to read them in due time. Stay tuned.

In no particular order: Victoria Dowd; Gigi Pandian; James Scott Byrnside; Richard Osman; Robert Thorogood and Anthony Horowitz.

Any help on which books, by these authors, to start reading first will be welcome.

By the way, my friend is already familiar with Paul Halter, but authors of other nationalities are also very much welcome. However, I have a separate list for Japanese authors.

Notas sobre La muerte de Jezabel, 1948 (Inspector Cockrill # 4), de Christianna Brand (traducción de Elena Magro Gómez y Manuel Navarro Villanueva) (una relectura)

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Who Editorial 1ª edción, noviembre 2022. Formato: Tapa blanda. Extensión: 243 páginas. ISBN: 978-8412502657. Traducción: Elena Magro Gómez y Manuel Navarro Villanueva. Apéndice y notas: Manuel Navarro Villanueva. Publicado originalmente en los Estados Unidos en 1948 por Dodd, Mead & Company con el titulo de Death of Jezebel y en el Reino Unido por John Lane, The Bodley Head en 1949. La muerte de Jezabel es el cuarto libro de la serie protagonizada por el Inspector Cockrill, precedido por Suddenly at His Residence también publicado como The Crooked Wreath, 1946 y seguido por London Particular también publicado como Fog of Doubt, 1952.

PORTADA_LA-MUERTE-DE-JEZABEL-600x896 (1)Descripción del editor: Jezabel fue una reina de Israel de origen fenicio, libertina y despótica. Tras una protesta de los profetas, la reina ordenó que los asesinaran a todos. Solo uno de ellos sobrevivió. Suficiente para ejecutar la venganza de Yahvé: Jezabel murió arrojada desde una torre y su cuerpo lo devoraron los perros.

La muerte de Jezabel, publicada en 1948, gira en torno a un asesinato inspirado en la historia de esta reina bíblica.

Un grupo dispar de personas prepara una pequeña representación teatral en la Inglaterra de los años 40. La amenaza de la muerte se cierne sobre ellos. ¿Quién será el primero en morir? Y sobre todo, ¿cuál es la mente perturbada que ha trazado el plan siniestro?

Pocos autores del policial clásico alcanzaron la maestría de Christianna Brand para dar vida a sus personajes. Con breves trazos nos presenta ante los ojos la condición humana con toda su miseria y esplendor: un grupo de seres solitarios que parecen condenados al aislamiento.

Los dos detectives más importantes de Christianna Brand ―el inspector Cockrill y el inspector Charlesworth― compiten en esta novela. La rivalidad entre ellos, que en ocasiones traspasa la barrera del pensamiento, es otro motivo de deleite y broma.

Un crimen espectacular e imposible. Un rompecabezas macabro cargado de inteligencia y humor. Una obra maestra del género policiaco que atrapa por su originalidad, su ritmo, su ingenio y su capacidad para sorprendernos una vez tras otra.

Por primera vez en español (Fuente: Who Editorial)

Uno de los mejores y más impresionantes misterios de habitación cerrada que he leído. Una verdadera obra maestra. Pietro de Palma, Death Can Read

Mi opinión: Vuelvo a leer La muerte de Jezabel de Christianna Brand, en parte por la presentación de Who Editorial en la librería Tipos Infames de Madrid el pasado sábdo y aprovechando también la reciente reedición de la novela origiinal por British Library Publishing.

La historia comienza con un breve prólogo fechado en 1940 donde nos enteramos del suicidio de Johnny Wise, un simpático y apuesto joven, tras descubrir que su novia se encontraba con otro. Siete años después, los tres principales responsables de esa tragedia, su novia, Perpetua [Peppi] Kirk; Earl Anderson, el hombre con el que se encontraba su novia; e Isabel Drew, una falsa amiga que fue la responsable de haberlo organizó todo, se vuelven a encontrar para participar en la representación de un desfile medieval. Durante el espectáculo, Isabel Drew, una actriz arrogante que trata con desprecio a todos los que la rodean, cae desde lo alto de una torre al suelo, a la vista del público. Lo que a primera vista parece haber sido un desafortunado accidente, pronto se convierte en un asesinato. Antes de tocar el escenario, Isabel ya estaba muerta, había sido estrangulada.

‘… Isabel Drew había muerto un minuto después de caer al suelo a causa de una estrangulación manual. No había restos del velo entre las uñas. En aquella “habitación cerrada”, los once caballeros habían permanecido sentados en sus caballos, a la vista de varios miles de personas, pero se suponía que uno de ellos había subido a la torre, la había estrangulado y la había empujado al suelo.’ (traducción de Elena Magro Gómez y Manuel Navarro Villanueva)

Hace apenas unos días, tanto Isabel Drew, como Earl Anderson y Perpetua Kirk habían recibido notas anónimas advirtiéndoles que serían asesinados. El inspector Cockrill de la policía del condado de Kent se encontraba en Londres en una conferencia policial, cuando Perpetua lo invita a ver el programa como medida de protección, preocupada por la amenaza que habia recibido. De esta manera Cockrill se convierte en testigo de excepción del asesinato, mientras el detective inspector Charlesworth de Scotland Yard se hace cargo de la investigación. Si no me equivoco, esta es la primera y única vez que el detective inspector Charlesworth –Death in High Heels (1941) y The Rose in Darkness (1979)– y el inspector Cockrill comparten protagonismo en una misma novela.

Desde que leí La muerte de Jezabel tuve la certeza de que volvería a leerla, señal inequívoca de lo mucho que me había gustado. Esta ocasión acaba de llegar, y me alegro de haberlo hecho. Tal vez me perdí algunos detalles en mi primera lectura, o simplemente los olvidé, de cualquier manera, ahora los he encontrado, los he recordado y los he disfrutado una vez más.

La muerte de Jezabel tiene uno de los mejores crímenes imposibles que he encontrado hasta ahora y está muy bien escrita. La trama está magníficamente elaborada, la historia es extremadamente ingeniosa y la solución es brillante. Llama la atención que con un número relativamente reducido de sospechosos se pueda armar un rompecabezas tan interesante, hasta el punto de que nos encontraremos con varias alternativas posibles, antes de llegar al desenlace final.

[–Esto no es una novela policíaca –dijo Cockrill.] –En la vida real, la policía no “reconstruye la escena del crimen” para desenmascarar al criminal. Los escritores nunca representan  bien el procedimiento policial.
–Por suerte. Sería mortalmente aburrido que lo hicieran –opinó Charlesworth. Supongo que consideran que su trabajo es entretener y no preocuparse tanto por lo que podría o no podría haber sucedido… Después de todo, sus libros son una mera forma de entretenimiento, no son tratados sobre la ley. Aunque la idea de reconstruir la escena esta noche es más bien para eliminar todas las opciones imposibles, no para descubrir al asesino. (traducción de Elena Magro Gómez y Manuel Navarro Villanueva)

Acerca del autor: Christianna Brand nació Mary Christianna Milne (1907) en Malasia y creció en la India hasta que regresó a Inglaterra para asistir a un colegio franciscano en Somerset. A los 17 años, su padre perdió todo su dinero y ella tuvo que dejar los estudios y ponerse a trabajar en una serie de tareas mal pagadas que incluían institutriz, vendedora, empaquetadora de vestidos, bailarina de salón y modelo. No se dedicó a la ficción hasta 1939, cuando su primera novela llegó a la imprenta después de ser rechazada por quince editoriales. Death in High Heels era el título de ese libro, y, según cuenta una historia apócrifa, se le ocurrió la idea mientras trabajaba como dependienta fantaseando con matar a un compañero de trabajo.  En 1941, uno de sus personajes más queridos, el inspector Cockrill de la policía del condado de Kent, hizo su debut en el libro Heads You Lose. El personaje aparecerá en seis de sus novelas y ocho relatos. Green for Danger (título en español: La muerte espera en Herons Park) es la novela más famosa de Brand. La novela policíaca, ambientada en un hospital de la Segunda Guerra Mundial, fue adaptada al cine por Eagle-Lion Films en 1946, protagonizada por Alastair Sim como el Inspector. Christianna Brand tuvo que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para formar parte del Detection Club junto con Cyril Hare, Richard Hull y la estadounidense Alice Campbell. A finales de la década de 1950 dejó de escribir novelas policiacas para concentrarse en otros géneros, así como en relatos breves. Brand también escribió bajo los seudónimos de Mary Ann Ashe, Annabel Jones, Mary Roland y China Thomson. Fue nominada tres veces a los premios Edgar: por los cuentos “Poison in the Cup” (EQMM, febrero de 1969) y “Twist for Twist” (EQMM, mayo de 1967) y por un trabajo de no ficción sobre un caso de asesinato escocés, Heaven Knows Who (1960). Es autora de la serie infantil Nurse Matilda, que Emma Thompson adaptó al cine como Nanny McPhee (2005). Sus cuentos del inspector Cockrill y una obra de teatro de Cockrill inédita se recopilaron como The Spotted Cat and Other Mysteries from inspector Cockrill’s Casebook, editado por Tony Medawar en el 2002. De 1972 a 1973 ocupó el cargo de Presidente de la Crime Writers’ Association (CWA). Christianna Brand estuvo casada con Roland Lewis durante casi cincuenta años. Mary Lewis falleció en 1988, a los 80 años.

Bibliografía seleccionada de Christianna Brand: Death in High Heels (Inspector Charlesworth #1, 1941); Heads You Lose (Inspector Cockrill #1, 1941); Green for Danger (Publicada en España en 2017 por Ediciones Siruela, con el título La muerte espera en Herons Park, traducción de Raquel G. Rojas., Inspector Cockrill #2, 1944); Suddenly at His Residence aka The Crooked Wreath (Inspector Cockrill #3, 1946); Death of Jezebel (Inspector Cockrill #4, 1949); Cat and Mouse (Inspector Chucky #1, 1950); London Particular aka Fog of Doubt (Inspector Cockrill #5, 1952); Tour de Force (Inspector Cockrill #6, 1955); The Rose in Darkness (Inspector Charlesworth #2, 1979) y la colección de relatos The Spotted Cat and Other Mysteries from Inspector Cockrill’s Casebook (2002).

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Notes On Death of Jezebel, 1948 (Inspector Cockrill #4) by Christianna Brand (re-read)

British Library Publishing, 2022. Format: Kindle Edition. File Size: 4108 KB. Print Length: 215 pages. ASIN: B0B9CGR3GG. e-ISBN: 978-0-7123-6789-9. With an Introduction by Martin Edwards, 2022. First published in the US by Dodd, Mead, in 1948; and in the UK, by The Bodley Head, in 1949. Death of Jezebel is the fourth book in the series featuring Inspector Cockrill, preceded by Suddenly at His Residence apa The Crooked Wreath, 1946 and followed by London Particular apa Fog of Doubt, 1952.

51pHAHBXx2L._SY346__thumb3Publisher’s Description: From one of the top class writers of the classic mystery genre, Death of Jezebel was first published in 1949, and is the second Christianna Brand title in the British Library Crime Classics series. It’s a pleasingly over the top mystery involving a knightly pageant show in London.

“A very neat version of the ‘sealed room’ mystery … provides [Miss Brand] with excellent opportunities to indulge her sense of character and her pleasantly malicious wit, as well as her gift for posing an ingenious problem.” – Times Literary Supplement, 1949.

At Elysian Hall, a grand exhibition space in post-War London, a cast has been assembled for a medieval-themed pageant show replete with knights in coloured armour, real horses and a damsel in a rickety tower on high. With death threats discovered by members of the troupe before the show, the worst comes to pass when the leading lady is thrown from the tower before the eyes of the audience by an unknown assailant – with all doors backstage also under observation. Faced with a seemingly impossible case, the wizened Inspector Cockrill and the fresh-faced Inspector Charlesworth begrudgingly join forces to uncover the killer hiding in plain sight.

First published in Britain in 1949, Brand’s exuberant novel is still regarded as one of the great masterpieces of the classic mystery genre for its fiendishly constructed puzzle, memorable setting, dumbfounding acts of misdirection and thrilling denouement. (Source: British Library Publishing)

My Take: I’ve reread Death of Jezebel by Christianna Brand, largely due to the presentation of Who Editorial at Tipos Infames bookshop in Madrid last Saturday and also taking advantage of the recent reissue of the original novel by British Library Publishing.

The story begins with a brief prologue dated 1940 where we learn about the suicide of Johnny Wise, a nice and handsome young man, after discovering that his girlfriend was with another man. Seven years later, the three main players responsible for that tragedy, his girlfriend, Perpetua [Peppi] Kirk; Earl Anderson, the man with whom his girlfriend betrayed him; and Isabel Drew, a false friend who had organised the whole set up, meet again to participate in the performance of a medieval parade. During the show, Isabel Drew, an arrogant actress who treats everyone around her with contempt, falls from the top of a tower to the floor, in full view of the audience. What, at first glance, appears to have been an unfortunate accident, soon turns into a murder. Before touching the stage floor, Isabel was dead, strangled.

“… Isabel Drew had died within one minute either way of hitting the ground. She had died of manual strangulation: no chiffon veil caught on nails—nothing like that. She had been in what amounted to a ‘sealed room’ with eleven knights in phoney armour: and while the eleven knights sat their horses in full view of several thousand people, one of them had gone up into the tower and strangled her and thrown her down.”

Just a few days ago, Isabel Drew, Earl Anderson and Perpetua Kirk had received anonymous notes warning them that they would be killed. Inspector Cockrill of the Kent County Police happened to be in London at a police conference, when Perpetua invites him to watch the show as a protective measure, concerned about the threat she had received. In this way, Cockrill becomes an exceptional witness to the murder, while Detective Inspector Charlesworth of Scotland Yard takes charge of the investigation. If I’m not mistaken, this is the first and only time that Detective Inspector Charlesworth –Death on High Heels (1941) and The Rose in the Dark (1979)– and Inspector Cockrill share centre stage in the same novel.

Ever since I read Death of Jezebel I was sure I would read it again –an unequivocal sign of how much I had enjoyed it. This occasion has just come true, and I’m glad I did. Maybe I missed some details on my first reading, or I just forgot them, anyway  now I found them, remembered them, and I have enjoyed them once again.

Death of Jezebel has one of the best impossible crimes I’ve come across so far and it is very well written. The plot is superbly crafted, the story is extremely witty, and the solution is brilliant. It is striking that with a relatively small number of suspects it can be drawn up such an interesting puzzle, to the extent that we will encounter with several possible alternatives, before reaching the final outcome.

‘This is not a detective novel,’ said Cockrill. ‘In real life the police don’t “reconstruct the crime” so as to confront the criminal. These writer people never get their police procedure right.’ ‘It would be so deadly dull if they did,’ said Charlesworth. ‘I suppose they reckon that their job is to entertain and not to worry too much about what could or would or couldn’t or wouldn’t have happened… After all , their books are just fun to read–not treatises on the law. However the idea of putting our lot through their paces tonight is not so much to unearth the criminal as to eliminate the impossible…’

Death of Jezebel has been reviewed, among others, by Martin Edwards at ‘Do You Wrte Under Your Own Name?’, Tom Cat at ‘Beneath the Stains of Time’, Kate Jackson at ‘Cross-Examining Crime’, Steve Barge at ‘In Search of the Classic Mystery Novel’, thegreencapsule at ‘The Green Capsule’, Nick Fuller ‘The Grandest Game in the World’, Jim Noy at ‘The Invisible Event’, J.F. Norris at ‘Gadetection’, Pietro De Palma at ‘Dead Can Read’, Patrick ‘At the Scene of the Crime’, Issac Stump at ‘Solving the Myetery of Murder’, Moira Redmond at ‘Clothes in Books’, Les Blatt at ‘Classic Mysteries’, Brad at ‘Ah Sweet Myster!’, tangledyarns at ‘Tangled Yarns’, and a couple of re-reads Kate Jackson at ‘Cross-Examining Crime’ and Steve Barge at ‘In Search of the Classic Mystery Novel’.

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(Source: Facsimile Dust Jackets, LLC. Dodd, Mead & Company (USA), 1948)

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(Source: Facsimile Dust Jackets, LLC. John Lane, The Bodley Head (UK), 1949)

About the Author: Christianna Brand was born Mary Christianna Milne (1907) in Malaya and grew up in India until she returned to England to attend a Franciscan convent school in Somerset. At age 17 her father lost all of his money and she had to leave school to start working at a series of low-paying jobs which included governess, salesgirl, dress packer, ballroom dancer, and model. She didn’t turn her hand to fiction until 1939, with her first novel making it to print after being rejected by fifteen publishers. Death in High Heels was the title of that book, and in an apocryphal story, she got the idea while working as a salesgirl fantasizing about killing a co-worker. In 1941, one of her best-loved characters, Inspector Cockrill of the Kent County Police, made his debut in the book Heads You Lose. The character would go on to appear in six of her novels and eight stories. Green for Danger is Brand’s most famous novel. The whodunit, set in a World War II hospital, was adapted for film by Eagle-Lion Films in 1946, starring Alastair Sim as the Inspector. Christianna Brand had to wait until the end of World War II to join the Detection Club along with Cyril Hare, Richard Hull and American Alice Campbell. In the late 1950s she gave up writing crime novels to concentrate on other genres, as well as short stories. Brand also wrote under the pen names Mary Ann Ashe, Annabel Jones, Mary Roland, and China Thomson. She was nominated three times for Edgar Awards: for the short stories “Poison in the Cup” (EQMM, Feb. 1969) and “Twist for Twist” (EQMM, May 1967) and for a nonfiction work about a Scottish murder case, Heaven Knows Who (1960). She is the author of the children’s series Nurse Matilda, which Emma Thompson adapted to film as Nanny McPhee (2005). Her Inspector Cockrill short stories and a previously unpublished Cockrill stage play were collected as The Spotted Cat and Other Mysteries from inspector Cockrill’s Casebook, edited by Tony Medawar (2002). From 1972-1973 she served as Chair of the Crime Writers’ Association. Christianna Brand was married to Roland Lewis for nearly fifty years. Mary Lewis died in 1988, aged 80.

Christianna Brand Selected Bibliography: Death in High Heels (Inspector Charlesworth #1, 1941); Heads You Lose (Inspector Cockrill #1, 1941); Green for Danger (Inspector Cockrill #2, 1944); Suddenly at His Residence aka The Crooked Wreath (Inspector Cockrill #3, 1946); Death of Jezebel (Inspector Cockrill #4, 1949); Cat and Mouse (Inspector Chucky #1, 1950); London Particular aka Fog of Doubt (Inspector Cockrill #5, 1952); Tour de Force (Inspector Cockrill #6, 1955); The Rose in Darkness (Inspector Charlesworth #2, 1979) and The Spotted Cat and Other Mysteries from Inspector Cockrill’s Casebook (2002) a short-story collection.

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Christianna  Brand page at gadetection

Notas sobre El misterio de los hermanos siameses, 1933 (Los misterios de Ellery Queen #7), de Ellery Queen (traducción de Ana Mª Calabuig Cañestro)

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Who Editorial 1ª edición, noviembre 2022. Formato: Tapa blanda. Extensión: 314 páginas. ISBN: 978-8412502640. Introducción: Daniel Huerta Goya. Notas: Manuel Navarro Villanueva. Traducción: Ana Mª Calabuig Cañestro. Diseño de portada: Noemí Calabuig Cañestro. Publicado originalmente en los EE. UU. por Frederick A. Stokes Company en 1933 y en el Reino Unido por V. G. Gollancz el mismo año con el titulo de The Siamese Twin Mystery. El misterio de los hermanos siameses es el séptimo libro de la serie protagonizada por Ellery Queen, precedido por The American Gun Mystery (1933) El misterio de la pistola americana y seguido por The Chinese Orange Mystery (1934) El misterio de la mandarina.

Portada_LOS-HERMANOS-SIAMESES-600x886 (1)Descripción del editor: Ellery Queen ―escritor y detective aficionado― regresa de unas vacaciones en Canadá en compañía de su padre, el inspector Richard Queen. Atraviesan en su viejo coche la zona montañosa de Arrow Mountain, cuando un incendio les cierra el paso y se ven obligados a ascender por el único camino disponible, que se dibuja empinado hacia la cima de la montaña, y a refugiarse en una sombría y solitaria mansión. Pronto se dan cuenta de que las personas que habitan la casa ocultan algo. Y la presencia de los dos viajeros viene a poner en riesgo el inestable equilibrio que existe entre ellos.

En El misterio de los hermanos siameses (1933), Ellery y su padre regresan de unas vacaciones en Canadá cuando quedan atrapados por un incendio forestal en la ladera de Arrow Mountain. Su única esperanza de sobrevivir es continuar en coche hasta la cima. Mucho después del anochecer, descubren una casa en lo alto de la montaña, cuya base entera ahora está en llamas. Ellery y Richard están agradecidos por la hospitalidad del cirujano jubilado Dr. John Xavier y su extraña familia, pero pronto encuentran varias razones para sentirse incómodos. ¿Quién es el gordo vicioso que deambula por la montaña? ¿Por qué robaron varios anillos de la casa la semana pasada? ¿Quién es la mujer extra escondida en una habitación de arriba? ¿Y quién o qué es la criatura parecida a un cangrejo que se escabulle por los pasillos de noche? A la mañana siguiente El Dr. Xavier es encontrado muerto de un tiro en su estudio, un juego de solitario frente a él, la mitad rota del seis de picas apretada entre sus dedos. A estas alturas, el fuego ha sellado la cima de la montaña, por lo que depende de los Queens resolver el crimen solos, sin la ayuda de la policía. A pesar de que las llamas están cada vez más cerca, pronto se produce un segundo asesinato, en esta ocasión con la mitad de una jota de diamantes en la mano de la víctima. (Fuente: Ellery Queen: The Art of Detection: The story of how two fractious cousins reshaped the modern detective novel de Francis M. Nevins. Mi traducción libre).

Mi opinión: Animado por la reciente publicación de una nueva traducción al español de Who Editorial junto con la aparición de una nueva edición de The Siamese Twin Mystery de American Mystery Classics editada por Otto Penzler, decidí leer este libro. Llevaba mucho tiempo esperando en mi estanteria esperando a que me decidiera a leerlo. Un libro que, si bien pertenece a la primera época de las novelas de Ellery Queen, presenta una serie de diferencias con el resto de novelas que comparten el gentilicio de una nación en su título, principalmente la ausencia del Desafío al Lector. El misterio de los hermanos siameses es una variante del misterio de casa de campo rodeada de nieve, excepto que el entorno cerrado ahora es causado por un incendio en lugar de por una tormenta de nieve. En consecuencia, dos son las amenazas que se ciernen ahora sobre los personajes de la novela, un asesino dentro de la mansión y un incendio fuera, lo que se traduce en una mayor tensión y suspense como puede apreciarse en el siguiente fragmento:

Con el avance inexorable del fuego, una quietud mortal se instaló sobre Arrow Head y su pequeño grupo de inquilinos indefensos. Estaban física y mentalmente agotados, asi como espiritualmente desmoralizados. Ni siquiera la amenaza de la criatura invisible teñida de sangre en sus filas podía eclipsar la mayor amenaza que se arrastraba sobre ellos desde el aire y a través de los bosques. Ya no intentaban disimular. Las mujeres estaban francamente histéricas y los hombres pálidos y preocupados. Con el avance del día, el calor se hizo intolerable. El aire se llenó de cenizas que manchaban sus pieles y ropas, y hacían que respirar fuera doloroso. No existía ningún refugio al que pudieran huir.

El interior de la casa era un poco menos caluroso que la cima abierta, aunque allí no corría el aire. Pocos de ellos –especialmente las mujeres– se atrevían a ir solos a buscar el alivio temporal de las duchas en sus lavabos personales. Tenían miedo de estar a solas, miedo unos del otros, del silencio, del fuego. (Traducción: Ana Mª Calabuig Cañestro)

Siempre me han gustado de manera espcial las historias en las que dos desconocidos, Ellery Queen y su padre Richard en este caso, irrumpen inesperadamente en un entorno desconocido, desencadenando una tragedia. Esta vez, la historia comienza mientras Ellery y su padre conducen por una zona montañosa, regresando de unas vacaciones en Canadá. De repente se encuentran en medio de un gran incendio forestal. Su única salida es continuar por el camino hasta la cima de la montaña. Allí se encuentran con una gran mansión aislada casi al borde de un acantilado. La mansión pertenece al Dr. John Xavier, un famoso cirujano, que vive con su mujer Sarah; su hermano Mark; un asistente de laboratorio, el Dr. Percival Holmes; un ama de llaves, la señora Wheary; “Bones” un asistente para todo y una invitada, Ann Forrest. Más adelante, descubriremos que hay otras personas viviendo en la casa y el papel que juegan. La tragedia se desarrolla cuando a la mañana siguiente el Dr. John Xavier es encontrado muerto de un tiro en su estudio. Frente a él, una partida de solitario se extiende sobre su mesa. El Dr. Xavier sostiene la mitad partida de un seis de picas en una mano. En un principio, este detalle se interpreta como el último menasaje que ha querido dejar la victima sobre la identidad de su asesino. Pero, ¿podría ser todo tan sencillo?

Cabe señalar que El misterio de los hermanos siameses se considera con razón uno de los mejores libros de Ellery Queen de su llamado primer período. Principalmente porque, en esta historia, los dos primos son capaces de aumentar la tensión creada tanto por el desarrollo del enigma como por el avance del fuego, con mucha eficacia hasta las últimas páginas. Muy recomendable.

El misterio de los hermanos siameses ha sido reseñado, entre otros, por Misterios Golden Age.

Sobre los autores: Ellery Queen era un seudónimo creado por Frederic Dannay (1905-1982) y Manfred B. Lee (1905-1971). Sus nombres originales eran Daniel Nathan y Manford Lepofski pero los cambiaron cuando eran jóvenes. Eran primos y se educaron juntos en Brooklyn Boys High School. En 1929 crearon Ellery Queen, un escritor de historias policiacas protagonizado por un detective con el mismo nombre. También escribieron cuatro novelas sobre un detective llamado Drury Lane bajo el seudónimo de Barnaby Ross. Permitieron que el nombre de Ellery Queen se utilizara como marca de la casa en varias novelas escritas por otros autores. Ellery Queen, un detective de ficción único, fue creado para participar en un concurso literario, muchos consideran que Ellery Queen es el paradigma de la novels policiaca norteamericana, rivalizando con Nero Wolfe como sucesor lógico del Maestro, Sherlock Holmes.

Los primos escribieron docenas de libros, y posiblemente cientos de guiones de radio, sobre el autor y detective aficionado que compartía un apartamento con su padre, el inspector Richard Queen de la brigada de homicidios de la policía de Nueva York. En el escenario, en el cine y en la televisión, se continuó con el legado de EQ, aunque no siempre de manera fiel a la concepción original de los autores.

Las novelas de Queen son ejemplos del clásico fair play o juego limpio de la novela policíaca, particularmente durante lo que se conoció como la Edad de Oro de la novela de misterio. Todas las pistas están a disposición del lector de la misma manera que lo están para el detective, por lo que el lector tiene una buena oportunidad de resolver el misterio por sí mismo. El escritor de misterio John Dickson Carr lo llamó “el juego más grande del mundo”. Otras características de las primeras novelas de Queen fueron las pistas y soluciones intrincadamente planteadas. En El misterio del ataúd griego (1932), se proponen múltiples soluciones al misterio. La “solución falsa, seguida de la verdadera” de Ellery Queen  se convertirá en un sello distintivo de las novelas de misterio de la Edad de Oro. Otro elemento estilístico en muchos de los primeros libros (en particular, The Dutch Shoe Mystery, The French Powder Mystery y especialmente Halfway House) es la creación de una lista de atributos del asesino (el asesino es hombre, el asesino fuma pipa, etc.) por el propio Ellery Queen. Más tarde, al comparar cada sospechoso con estos atributos, reduce la lista de sospechosos a un solo nombre, a menudo uno que será muy poco probable.

En 1938, cuando los primos se mudaron a Hollywood para intentar escribir guiones, el personaje y las novelas comenzaron a cambiar. Surgirá un elemento romántico, las soluciones comenzarán a incluir también elementos psicológicos y el “Desafío al lector” desaparecerá por completo de sus páginas. Las novelas también pasarán se ser meros enigmas a temas más introspectivos. Ten Days’ Wonder (1948), ambientada en la ciudad de Wrightsville, en Nueva Inglaterra (escenario de varias novelas de Queen durante la década de 1940), incluso mostró las limitaciones de los métodos de detección de Ellery. Las décadas de 1950 y 1960 muestran un trabajo más experimental.

Además de escribir las novelas de Queen, Dannay y Lee fundaron conjunatmente la revista Ellery Queen’s Mystery Magazine, una de las publicaciones policiacas más influyentes de todos los tiempos. Aunque Dannay sobrevivió nueve años a su primo, Dannay abandoó al personaje de Queen tras la muerte de Lee.

La crítica a partir de Francis M. Nevins divide las novelas de Queen en cuatro períodos principales: Período I (1929-1935): la trama formal del juego limpio en su apogeo. Se dan todas las pistas y los Queen lanzan su famoso “Desafío al lector”: ¿Puedes TÚ resolver el misterio antes que Ellery? Período II (1936-40): Después de que Queen se fuera a Hollywood. Se caracteriza por tener un estilo más pulido, menos deducción analítica. Período III (1942-58): Comienza la Segunda Guerra Mundial, Queen desarrolla su conciencia social y Ellery utiliza la novela policiaca para hablar de religión, política y la naturaleza del hombre. No siempre con éxito. Los primos tenían la intención de terminar sus novelas con The Finishing Stroke (1958), pero regresaron cinco años después… Período IV (1963-71): Enigmas deliberadamente artificiales, jugando con temas de novelas anteriores. Muchos de estos libros están escritos por otros escritores, ghost writers o escritores fantasma (en la sombra)

Bibliografía seleccionada: The Roman Hat Mystery (1929) El misterio del sombrero de copa; The French Powder Mystery (1930) El misterio de los polvos; The Dutch Shoe Mystery (1931) El misterio del zapato blanco; The Egyptian Cross Mystery (1932) El misterio de la cruz egipcia; The Greek Coffin Mystery (1932) El misterio del ataúd griego; The Siamese Twin Mystery (1933) El misterio de los hermanos siameses; The American Gun Mystery (1933) El misterio de la pistola americana; The Chinese Orange Mystery (1934) El misterio de la mandarina; The Spanish Cape Mystery (1935) El misterio de Cabo Español; Halfway House (1936) La casa a medio camino; The Door Between (1937) Tras la puerta cerrada; Calamity Town (1942) La ciudad desgraciada; Ten Days’ Wonder (1948) La maravilla de diez días; Cat of Many Tails (1949) El gato de muchas colas; The Origin of Evil (1951) El origen del mal; The King is Dead (1952) El Rey ha muerto; The Scarlet Letters (1953) Las letras escarlata y Face to Face (1967) Cara a cara.

Colecciones de relatos: Las aventuras de Ellery Queen (The Adventures of Ellery Queen, 1934); Nuevas aventuras de Ellery Queen (The New Adventures of Ellery Queen, 1940).

Como Barnaby Ross: La tragedia de X (The Tragedy of X, 1932); La tragedia de Y (The Tragedy of Y, 1932); La tragedia de Z (The Tragedy of Z, 1933)

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Notes On: The Siamese Twin Mystery, 1933 (Ellery Queen Detective # 7) by Ellery Queen

The Murder Room, 2021. Book Format: Kindle Edition. File Size: 5534 KB. Print Length: 223 pages. ASIN: ‎B08WRBVB8B. ISBN: 978-1-4719-2075-2. Originally published in the US by Frederick A. Stokes Company in 1933 and in the UK by V. G. Gollancz (UK) the same year. The Siamese Twin Mystery is the seventh book in Ellery Queen Detective Series, it was preceded by The American Gun Mystery (1933) and followed by The Chinese Orange Mystery (1934).

411PjhZo4QL._SY346_Publisher’s Description: When Ellery Queen and his father encounter a raging forest fire during a mountain drive, the only direction to go is up—up a winding dirt road that leads to an isolated hillside manor, inhabited by a secretive surgeon and his diverse guests. Trapped by the fire, the Queens settle into the uneasy atmosphere of their surroundings; the tension rises the following morning when their host is discovered dead, apparently shot while playing solitaire the night before. The only clue is a torn six of spades. The suspects include a society beauty, a suspicious valet, and a pair of conjoined twins. When another murder follows, and a torn jack of diamonds is discovered, left as a dying clue, the killer inside the house becomes as threatening as the mortal flames outside its walls. Faced with a complex set of alibis, motives, and evidence, Ellery Queen must rely on his powers of deduction and logic to uncover the murderer’s identity—but can he solve this whodunnit before the fire devours its subjects.

Featuring bizarre circumstances, eerie atmosphere, and a dazzling solution, The Siamese Twin Mystery is a fair play mystery in which the reader has all the necessary information needed to solve the puzzle. The seventh Ellery Queen novel (which can be read in any order) finds the legendary sleuth facing one of the most memorable cases of his career. (Source: Penzler Publishers)

In The Siamese Twin Mystery (1933) Ellery and his father are returning from a Canadian vacation when they’re trapped by a forest fire on the side of Arrow Mountain. Their only hope of survival is to drive up to the mountain top. Long after dark they discover a house on the peak of the mountain, whose entire base is now on blaze. Ellery and Richard are grateful for the hospitality of retired surgeon Dr John Xavier and his strange family, but soon find several reasons to feel uneasy. Who is the vicious fat man wandering around the mountain? Why were several rings stolen from the household in the past week? Who is the extra woman hiding in an upstairs bedroom? And who or what is the crablike creature that scuttles through the corridors at night? The nets morning Dr Xavier is found shot to death in his study, a game of solitaire laid out in front of him, a torn half of the six of spades clenched between his fingers. By now the fire has sealed off the mountaintop so it’s up to the Queens to solve the crime alone, without help from the police. Despite the steadily nearing flames a second murder soon follows, this time with half a jack of diamond in the victim’s hand. (Source: Francis M. Nevins’ Ellery Queen: The Art of Detection: The story of how two fractious cousins reshaped the modern detective novel).

My Take: Encouraged by the recent release of a new Spanish translation by Who Editorial along with the appearance of a new edition of The Siamese Twin Mystery from American Mystery Classics edited by Otto Penzler, I decided to read this book. It had been long waiting in my bookshelf for me to decide and read it. A book that, although it belongs to Ellery Queen’s first period, presents a series of differences with the rest of the novels that share the name of a nation in their title, mainly the absence of the Challenge to the Reader. The Siamese Twins Mystery is a variant of the of the snowbound country-house mystery, except that the enclosed setting is now caused by a fire instead of a snow storm. Consequently, there are two threats now that hanging over the characters in the novel, a murderer inside the mansion and a fire outside, which translates into greater tension and suspense, as can be seen in the following excerpt:

With the inexorable advance of the fire a deadly stillness stetted down upon Arrow Head and its little band of helpless tenants. They were physically and mentally exhausted, and spiritually demoralized. Not even he menace of the bloodstained invisible creature in their midst could overshadow the greater menace that was creeping upon them from the air and the woods. There was no longer any attempt at dissimulation. The women were frankly hysterical and the men pale and worried. With the advance of day the heat became intolerable. The air was filled with drifting ashes which smudged their skins and clothes and made breathing a pain. There was no haven to which they could flee. The interior of the house was a shade less hot than the open summit, but there was no breeze and the stillest of air. Yet few of them–the women especially–dared go alone to seek the temporary relief f the showers in their personal lavatories. They were afraid to be alone–afraid of one another, of the silence, of the fire.

I have always particularly enjoyed stories in which two strangers, Ellery Queen and his father Richard in this case, unexpectedly break into an unknown environment, unleashing a tragedy. This time, the story begins while Ellery and his father are driving through a mountainous area, returning from a vacation in Canada. Suddenly they find themselves in the middle of a huge forest fire. Their only way out is to continue up the road to the top of the mountain. There they come across a large isolated mansion almost on the edge of a cliff. The mansion belongs to Dr John Xavier, a famous surgeon, who lives with his wife Sarah; his brother Mark; a laboratory assistant, Dr Percival Holmes; a housekeeper, Mrs Wheary; “Bones” a handyman, and a guest, Ann Forrest. Later, we will discover that there are other people living in the house and the role they play. Tragedy unfolds when the next morning Dr John Xavier is found shot to death in his study. In front of him, a game of solitaire is spread out on the table. Dr Xavier holds the split half of a six of spades on one hand. At first, this detail is interpreted as a dying message the victim left about the identity of his murderer. But, could it all be as plain sailing?

It should be noted that The Siamese Twin Mystery is rightly considered one of Ellery Queen’s best books of his so-called first period. Mainly because, in this story, the two cousins are capable of increasing the tension created both by the development of the enigma and by the advance of the fire, very effectively until the last pages. Highly recommended.

The Siamese Twin Mystery has been reviewed, among others, by Steve Lewis at ‘Mystery File’, Steve Barge at ‘In Search of the Classic Mystery Novel’, Complete Disregard for Spoilers, Pietro De Palma at ‘Dead Can Read’, The Case Files of Ho-Ling, Ellery Queen Reader, Ellery Queen, a website on deduction, dfordoom at ‘Vintage Pop Fictions’, Curt Evans at ‘Gadetection’, Les Blatt at ‘Classic Mysteries’, John at ‘Countdown John’s Christie Journal’, Rekha Rao at ‘The Book Decoder’, ‘Dead Yesterday’ and Aidan Brack at ‘Mysteries Ahoy!’.

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(Source: Facsimile Dust Jackets LLC. Frederick A. Stokes Company (USA), 1933)

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(Source: Facsimile Dust Jackets LLC. V. G. Gollancz (UK), 1933)

About the Author: Ellery Queen was a pen name created by, Frederic Dannay (1905-1982) and Manfred B. Lee (1905-1971). Their original names were Daniel Nathan and Manford Lepofski but they changed them as young men. They were cousins and were educated together at Brooklyn Boys High School. In 1929 they created ‘Ellery Queen’, a writer of crime stories featuring a detective with the same name, Ellery Queen. They also wrote four novels about a detective named Drury Lane under the pseudonym Barnaby Ross. They allowed the Ellery Queen name to be used as a house name for a number of novels written by other authors. Ellery Queen, a unique fictional detective, was created as an entry to a literary contest, he is regarded by many as the epitome of  American crime novels, rivalling Nero Wolfe as the logical successor to the Master, Sherlock Holmes.

The cousins wrote dozens of books, and possibly hundreds of radio scripts, about the character and amateur sleuth who shared an apartment with his father, Inspector Richard Queen of the New York Police Homicide squad. On stage, in films, and on television, the EQ legacy was continued, though not always faithful to the authors’ original conception.

The Queen novels are examples of the classic “fair play”, whodunit mystery, particularly during what became known as the Golden Age of the mystery novel. All the clues are available to the reader in the same way as they are to the detective, so the reader has a good chance too solve the mystery by himself. Mystery writer John Dickson Carr termed it “the grandest game in the world.” Other features of the early Queen novels were the intricately plotted clues and solutions. In The Greek Coffin Mystery (1932), multiple solutions to the mystery are proposed. The EQ “false solution, then the true” will become a hallmark of the mystery novels of the Golden Age. Another stylistic element in many early books (notably The Dutch Shoe Mystery, The French Powder Mystery and especially Halfway House) is the creation of a list of attributes of the murderer (the murderer is male, the murderer smokes a pipe, etc.) by Ellery Queen Himself. Then, by comparing each suspect to these attributes, he narrows the list of suspects down to a single name, often one that will be highly unlikely.

By 1938, when the cousins moved to Hollywood to try writing screenplays, both their character and the character of the novels began to change. A romantic element will emerge, the solutions will begin to include psychological elements as well, and the “Challenge” will completely vanished from its pages. The novels also moved from mere puzzles to more introspective themes. Ten Days’ Wonder (1948), set in the New England town of Wrightsville (a backdrop for several Queen novels during the 1940s), even showed the limitations of Ellery’s methods of detection. The 1950s and 1960s showed more experimental work.

In addition to writing the Queen novels, Dannay and Lee cofounded Ellery Queen’s Mystery Magazine, one of the most influential crime publications of all time. Although Dannay outlived his cousin by nine years, he retired Queen upon Lee’s death.

Critics since Francis M. Nevins divide the Queen novels into four major periods: Period I (1929-35): The formal plot of fair play is at its height.  All the clues are given, and the Queens throw down their famous “Challenge to the Reader”: Can YOU solve the mystery before Ellery? Period II (1936-40): After Queen left for Hollywood. He is characterized by having a more polished style, less analytical deduction. Period III (1942-58): World War II begins, Queen developed a social conscience, and Ellery uses the detective story to discuss about religion, politics, and the nature of man.  Not always successfully.  The cousins intended to end their novels with The Finishing Stroke (1958), but returned five years later… Period IV (1963-71): Deliberately artificial puzzles, playing with themes from earlier novels. Many of these books are ghost-written.

Selected Bibliography: The Roman Hat Mystery (1929); The French Powder Mystery (1930); The Dutch Shoe Mystery (1931); The Egyptian Cross Mystery (1932); The Greek Coffin Mystery (1932); The Siamese Twin Mystery (1933); The American Gun Mystery (1933); The Chinese Orange Mystery (1934); The Spanish Cape Mystery (1935), Halfway House (1936); The Door Between (1937); The Dragon’s Teeth (1939), Calamity Town (1942); Ten Days’ Wonder (1948); Cat of Many Tails (1949); The Origin of Evil (1951); The King Is Dead (1952); The Scarlet Letters (1953); and Face to Face (1967).

Short stories collections: The Adventures of Ellery Queen (1935); The New Adventures of Ellery Queen (1940)

As Barnaby Ross: The Tragedy of X (1932); The Tragedy of Y (1932) and The Tragedy of Z (1933)

For a complete bibliography of his work, see the Ellery Queen web site by Mark Koldys.

Further Reading: Ellery Queen: The Art of Detection: The story of how two fractious cousins reshaped the modern detective novel (Perfect Crime Books, 2013)  by Francis M. Nevins

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“Ellery Queen is the American detective story” by  Anthony Boucher

Mike Grost on Ellery Queen

Reading Ellery Queen

Ellery Queen, a website on deduction

Who Editorial

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Yesterday, at Tipos Infames bookshop, in the Malasaña district of Madrid, took place the presentation of Who Editorial, a publishing project created by Noemí Calabuig Cañestro and Manuel Navarro Villanueva, just about a year ago. Noemí and Manuel are two crime fiction fans that created Who Editorial with the aim of bringing the Spanish-speaking public the novels of the great classic authors of the so-called Golden Age of Detection. As fans of this genre, they faced the difficulty of finding their favourite titles in Spanish, either there were no translations or those that were found were old and neglected editions. It was then when, having identified this need, they began to write a blog that gradually led them to engage in this editorial project, that I hope will be successful.

To their new titles, here, It should be added that they will soon publish another novel by John Dickson Carr, The Black Spectacles, apa The Problem of the Green Capsule. Besides I do believe they have more surprises waiting for us, mainly the publication in Spanish for the first time of contemporary authors in the vein of the great classics of the genre. Stay tuned.

Notes On: The Poisoned Chocolates Case, 1929 (Roger Sheringham Cases # 5), by Anthony Berkeley (Revised as of November, 6 2022)

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British Library Publishing, 2016. Format: Kindle edition. File Size: 2627 KB. Print Length: 247 pages. ASIN: B01KIHJMAS. eISBN: 978-0-7123-6424-9. Introduction and new Epilogue by Martin Edwards, 2016. Originally published in 1929 by W. Collins Sons & Co. Ltd. in the UK and by Doubleday The Crime Club in the US the same year. This new edition includes an alternative ending by the Golden Age writer Christianna Brand, as well as a brand new solution devised specially for the British Library by the crime novelist and Golden Age expert Martin Edwards.

51ePsaKHWRL._SY346_Blurb: Graham and Joan Bendix have apparently succeeded in making that eighth wonder of the modern world, a happy marriage. And into the middle of it there drops, like a clap of thunder, a box of chocolates. Joan Bendix is killed by a poisoned box of liqueur chocolates that cannot have been intended for her to eat. The police investigation rapidly reaches a dead end. Chief Inspector Moresby calls on Roger Sheringham and his Crimes Circle – six amateur but intrepid detectives – to consider the case. The evidence is laid before the Circle and the members take it in turn to offer a solution. Each is more convincing than the last, slowly filling in the pieces of the puzzle, until the dazzling conclusion.

My Notes: Anticipating the presentation of Who Editorial at Tipos Infames bookshop  in Madrid, I’ve reread Anthony Berkeley’s The Poisoned Chocolates Case. We can find the origin of this novel in a short story written also by Anthony Berkeley, “The Avenging Chance”, published in Pearson’s Magazine, September 1929. In the story, Sheringham solves Joan Beresford’s murder mystery and then Berkeley expands it on into the full-length novel The Chocolates Poisoned Case (Collins, June 1929) in which he discards the solution at which Sheringham arrived at in the story. Paradoxically, the novel was published before the short story came to light. The novel revolves around Roger Sheringham, the most fallible of the great detectives of the time, who first appeared in The Leyton Court Mystery published anonymously in 1925 and who will reappear in a total of ten novels and several short stories by Anthony Berkeley. The character is considered to have been inspired by E. C. Bentley’s Philip Trent. When the action begins Roger Sheringham had founded the Crime Circle, a select group of amateur criminologists made up of six members.

“It was the intention of the club to acquire eventually thirteen members, but so far only six had succeeded in passing their tests, and these were all present on the evening when this chronicle opens. There was a famous lawyer, a scarcely less famous woman dramatist, a brilliant novelist who ought to have been more famous than she was, the most intelligent (if not the most amiable) of living detective-story writers, Roger Sheringham himself and Mr. Ambrose Chitterwick, who was not famous at all, a mild little man of no particular appearance who had been even more surprised at being admitted to this company of personages than they had been at finding him amongst them.”

The Crimes Circle can be rightly considered a fictional predecessor to the Detection Club, formed in 1930 by a group of British mystery writers, including Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Ronald Knox, Freeman Wills Crofts, Arthur Morrison, Hugh Walpole, John Rhode, Jessie Rickard, Baroness Emma Orczy, R. Austin Freeman, GDH Cole, Margaret Cole, EC Bentley, Henry Wade, and HC Bailey. A Club in which Anthony Berkeley was instrumental in setting it up and of which G. K. Chesterton was its first president.

The plot begins when Sir Eustace Pennefather, a notorious womanizer, receives a box of chocolates at his London club. He disapproves of modern marketing techniques and is about to throw them out when Graham Bendix, another club member he barely knows, needs one. Bendix had lost a bet with his wife and that would save him the hassle of having to buy one. Sir Eustace gives him the box, Bendix accepts it, takes it home and gives it to his wife. Both taste them after lunch. His wife eats seven, he only two. A few hours later, Joan Bendix dies of nitrobenzene poisoning. Bendix, though seriously ill, manages to recover. It becomes clear that the intended victim was Sir Eustace rather than the innocent Joan Bendix. Scotland Yard proves unable to solve the mystery, and Inspector Moresby accepts a rather unusual suggestion made by Roger Sheringham. He would never have encouraged it but, although somewhat reluctantly, lets Sheringham try it since he didn’t find anything wrong with it. The odd suggestion is that each member of the Crime Circle picks up the investigation of the case where the authorities left off. Each and every member, working independently, will have a week to formulate their own theories and carry out the investigations they deem necessary. After this time they will meet again for six consecutive nights and each member will read their papers presenting their own conclusions in the order that will be drawn by lot. Each solution will be believable, but the problem is that each one points to a different killer and the reader will remain baffled until the last page. To reinforce this idea of an indefinite number of possible solutions both Christianna Brand in 1979 and Martin Edwards in 2016 have provided us with alternative endings.

In short, The Poisoned Chocolates Case not only marked a milestone in the history of crime fiction, but it is still a brilliant novel that is worth reading. As pointed out in some reviews, the art of detection is not an exact science and it allows us different possible solutions, if we think about it carefully. The two additional endings are a good proof of that. It is also extremely interesting to see how the way in which the facts are presented can condition the conclusions that can be reached. An excellent novel, very entertaining, which I highly recommend.

The Poisoned Chocolates Case is included in The Story of Classic Crime in 100 books by Martin Edwards (British Library Publishing, 2018).

The Poisoned Chocolates Case has been reviewed, among others, by Jon at Golden Age of Detection Wiki, Karyn Reeves at A Penguin a week, Noah Stewart at Noah’s Archives, dfordoom at Vintage Pop Fictions, Moira Redmond at Clothes in Books, Steve Barge at In Search of the Classic Mystery Novel, Martin Edwards at ‘Do You Write Under Your Own Name?’, Kate Jackson at Cross-Examining Crime, Marcia Muller at Mystery File, Jim Noy at The Invisible Event, Dan at The Reader is Warned, thegreencapsule at The Green Capsule and Xavier Lechard  At the Villa Rose.

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(Source: Facsimile Dust Jackets LLC. Collins Detective Novel, UK, 1929)

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(Source: Facsimile Dust Jackets LLC.Doubleday The Crime Club, US, 1929)

About the author: Anthony Berkeley Cox born in 1893, was an English journalist and novelist who wrote under the pen names of Anthony Berkeley, Francis Iles, A. B. Cox and  A. Monmouth Platts. He was a founding member of the Detection Club and one of the greatest innovators of detective fiction. He wrote at a time when the main form of crime story was that of a puzzle, with an emphasis on plot rather than character. He was also one of the first to foresee the development of the ‘psychological’ crime novel and to successfully carry out its predictions. In Malice Aforethought (1931), written as Frances Iles, there is no problem in the conventional sense as the assassin’s intended plans are declared at the start of the action. The interest lies in whether these plans will be carried out successfully and in the interaction between the characters in the book. Two more novels written under the pseudonym Francis Iles were Before the Fact (1932), where again there is no puzzle of the classical type, and As for the Woman (1939), which was to be the first part of a planned trilogy that he never ended. Other novels written as Anthony Berkeley include The Wychford Poisoning Case, 1926; Cicely Disappears aka The Wintringham Mystery written as by A. Monmouth Platts (1927); The Silk Stocking Murders, 1928; The Piccadilly Murder, 1929; The Second Shot, 1930; Murder in the Basement, 1932; Jumping Jenny, aka Dead Mrs. Stratton, 1933; Panic Party aka Mr Pidgeon’s Island, 1934, Trial and Error, 1937; Not to be Taken aka A Puzzle in Poison, 1938; Death in the House, 1939; and, probably the best known of all, The Poisoned Chocolates Case, 1929. Altogether, he wrote twenty-four novels, ten of which featuring the amateur detective, Roger Sheringham. After publishing his last novel, Berkeley  lived thirty-two more years and he took up work as a book reviewer for John O’London’s Weekly and The Daily Telegraph. He later wrote for The Sunday Times in the mid 1940s, and then for The Guardian from the mid 1950s until 1970. A key figure in the development of crime fiction, he died in 1971.

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The Urbane Innovator: Anthony Berkeley, Aka Francis Iles by Martin Edwards 

El caso de los bombones envenenados, de Anthony Berkeley

El-caso-de-los-bombones-envenenados-1000-600x901 (2)Propaganda publicitaria: Todo comenzó el día en que sir Eustace Pennefather, un conocido mujeriego, recibe una caja de bombones en su club de Londres. Poco aficionado al chocolate, se la entrega por casualidad a un conocido del club, cuya mujer es una apasionada de estos dulces. La pobre señora muere al poco tiempo, víctima de una intoxicación por nitrobenceno. El asesinato tiene desconcertado a todo Scotland Yard. El presidente del Círculo del Crimen, un excéntrico club compuesto por seis aficionados a la criminología, propone a sus miembros el reto de esbozar cada uno de ellos una teoría que esclarezca el crimen. Los resultados de sus investigaciones serán expuestos por turnos en las ponencias más sorprendentes que el lector pueda imaginar. El final no dejará a nadie indiferente.

El caso de los bombones envenenados, publicada en 1929 por Anthony Berkeley, es una obra de ingeniería y de inteligencia, una auténtica exhibición de habilidad para construir rompecabezas y para conducir al lector por donde menos se lo espera. Supone toda una reflexión acerca del género detectivesco y, al mismo tiempo, una apasionante aventura intelectual en busca de la verdad. ¿O quizá solo se trata de una broma?

Al texto original se han añadido, a modo de apéndices, dos capítulos más salidos de las plumas de dos grandes maestros del policial: nada menos que Christianna Brand y Martin Edwards. Ambos recogieron el testigo de Berkeley y fabularon sendas hipótesis alternativas a las propuestas por el autor original. ¿Con cuál de todas se quedará el lector?

Esta edición incluye, además, un estudio introductorio a cargo de José Ignacio Escribano y Noemí Calabuig. Un clásico indiscutible de la novela policiaca que todo aficionado al género debe atesorar en sus estanterías.

Mis Apuntes: Anticipándome a la presentación de Who Editorial en la librería Tipos Infames de Madrid, he releído El caso de los chocolates envenenados de Anthony Berkeley. Podemos encontrar el origen de esta novela en un relato escrito también por Anthony Berkeley, “The Avenging Chance”, publicado en Pearson’s Magazine, septiembre de 1929. En el relato, Sheringham resuelve el misterio del asesinato de Joan Beresford y luego Berkeley lo amplía en el novela The Chocolates Poisoned Case (Collins, junio de 1929) en la que descarta la solución a la que llegó Sheringham en la historia. Paradójicamente, la novela se publicó antes de que saliera a la luz el relato. La novela gira en torno a Roger Sheringham, el más falible de los grandes detectives de la época, que apareció por primera vez en The Leyton Court Mystery publicado de forma anónima en 1925 y que reaparecerá en un total de diez novelas y varios cuentos de Anthony Berkeley. Se considera que el personaje se inspiró en Philip Trent de E. C. Bentley. Cuando comienza la acción, Roger Sheringham había fundado el Crime Circle, un grupo selecto de criminólogos aficionados formado por seis miembros.

“La intención del club era llegar a tener trece miembros, pero hasta el momentosolo seis habían logrado pasar las pruebas. Todos ellos estaban presentes en la tarde en que comienza esta crónica. Contaban con un famoso abogado, una dramaturga apenas menos famosa, una brillante novelista que debería haber sido más famosa de lo que era, el más inteligente (si no el más amable) de los escritores de novelas policiacas vivos, el propio Roger Sheringham y el Sr. Ambrose Chitterwick, que no era famoso en absoluto. Se trataba de un hombrecillo apacible y de apariencia nada particular que se había sorprendido al ser admitido en este selecto club tanto o más que los msmos miembros al encontrarlo entre ellos.” (traducción de Tino Navarro Villanueva).

El Cículo del Crimen puede considerarse con razón un predecesor en la ficción del Detection Club, formado en 1930 por un grupo de escritores de misterio británicos, incluidos Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Ronald Knox, Freeman Wills Crofts, Arthur Morrison, Hugh Walpole, John Rhode, Jessie Rickard, la baronesa Emma Orczy, R. Austin Freeman, GDH Cole, Margaret Cole, EC Bentley, Henry Wade y HC Bailey. Un Club en el que Anthony Berkeley jugó un papel decisivo en su creación y del que G. K. Chesterton fue su primer presidente.

La trama comienza cuando Sir Eustace Pennefather, un notorio mujeriego, recibe una caja de bombones en su club londinense. Desaprueba las técnicas modernas de marketing y está a punto de desecharlas cuando Graham Bendix, otro miembro del club al que apenas conoce, necesita una. Bendix había perdido una apuesta con su mujer y eso le ahorraría la molestia de tener que comprar una. Sir Eustace le da la caja, Bendix la acepta, se la lleva a casa y se la da a su mujer. Ambos los degustan después del almuerzo. Su mujer come siete, él sólo dos. Unas horas más tarde, Joan Bendix muere por envenenamiento con nitrobenceno. Bendix, aunque gravemente enfermo, logra recuperarse. Queda claro que la víctima prevista era Sir Eustace en lugar de la inocente Joan Bendix. Scotland Yard no puede resolver el misterio y el inspector Moresby acepta una sugerencia bastante inusual hecha por Roger Sheringham. Él nunca lo habría alentado pero, aunque algo a regañadientes, deja que Sheringham lo intente ya que no encontró nada malo en ello. La extraña sugerencia es que cada miembro del Crime Circle retome la investigación del caso donde lo dejaron las autoridades. Todos y cada uno de los miembros, trabajando de forma independiente, dispondrán de una semana para formular sus propias teorías y realizar las investigaciones que estimen necesarias. Pasado este tiempo se volverán a reunir durante seis noches consecutivas y cada miembro leerá sus ponencias presentando sus propias conclusiones en el orden que se sacará por sorteo. Cada solución será creíble, pero el problema es que cada una apunta a un asesino diferente y el lector se quedará desconcertado hasta la última página. Para reforzar esta idea de un número indefinido de posibles soluciones tanto Christianna Brand en 1979 como Martin Edwards en 2016 nos han proporcionado finales alternativos.

En definitiva, El caso de los bombones envenenados no solo marcó un hito en la historia de la novela policíaca, sino que sigue siendo una novela brillante que merece la pena leer. Como se apunta en algunas reseñas, el arte de detectivesco no es una ciencia exacta y nos permite diferentes soluciones posibles, si lo pensamos bien. Los dos finales adicionales son buena prueba de ello. También es sumamente interesante ver cómo la forma en que se presentan los hechos puede condicionar las conclusiones a las que se puede llegar. Una excelente novela, muy entretenida, que recomiendo encarecidamente.

El caso de los bombones envenenados está incluída en The Story of Classic Crime in 100 books de Martin Edwards (British Library Publishing, 2018).

Otras reseñas de El caso de los bombones envenenados: Juan Mari Barasorda en Calibre 38 y Noemí Calabuig en Whodunit.

Acerca del autor: Anthony Berkeley Cox, nacido en 1893, fue un periodista y novelista inglés que escribió bajo los seudónimos de Anthony Berkeley, Francis Iles, A. B. Cox y A. Monmouth Platts. Fue miembro fundador del Detection Club y uno de los mayores innovadores de la novela policíaca. Escribió en un momento en que la forma principal de la novela policiaca era la de un enigma, con énfasis en la trama más que en los personajes. También fue uno de los primeros en prever el desarrollo de la novela policíaca ‘psicológica’ y en llevar a cabo con éxito sus predicciones. En Malice Aforethought (1931), escrito como Frances Iles, no hay ningún problema en el sentido convencional, ya que los planes del asesino se declaran desde el comienzo de la acción. El interés radica en si estos planes se llevarán a cabo con éxito y en la interacción entre los personajes del libro. Dos novelas más escritas bajo el seudónimo de Francis Iles fueron Before the Fact (1932), donde nuevamente no hay un rompecabezas del tipo clásico, y As for the Woman (1939), que iba a ser la primera parte de una trilogía planeada que él nunca terminó. Otras novelas escritas como Anthony Berkeley incluyen The Wychford Poisoning Case, 1926; Cicely Disappears, también conocida como The Wintringham Mystery, escrito como A. Monmouth Platts (1927); The Silk Stocking Murders, 1928 (titulo en español: El crimen de las medias de seda); The Piccadilly Murder, 1929; The Second Shot, 1930; Murder in the Basement, 1932 (tílulo en español: Asesinato en el sótano); Jumping Jenny también conocida como Dead Mrs. Stratton, 1933 (titulo en español: Baile de máscaras); Panic Party también conocida como Mr Pidgeon’s Island, 1934, Trial and Error, 1937; Not to be Taken también conocida como A Puzzle in Poison, 1938; Death in the House, 1939; y, probablemente, la más conocida de todas, The Poisoned Chocolates Case, 1929 (Título en español: El caso de los bombones envenenados). En total, escribió veinticuatro novelas, diez de las cuales protagonizadas por el detective aficionado Roger Sheringham. Después de publicar su última novela, Berkeley vivió treinta y dos años más y comenzó a trabajar como crítico de libros para John O’London’s Weekly y The Daily Telegraph. Más tarde escribió para The Sunday Times a mediados de la década de 1940, y luego para The Guardian desde mediados de la década de 1950 hasta 1970. Figura clave en el desarrollo de la novela policíaca, murió en 1971.

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