Perfil Asesino

Perfil Asesino es la tercera novela de John Connolly protagonizada por Charlie “Bird” Parker. Parker es en la actualidad un detective privado que pretende llevar una vida tranquila en Scarborough, Maine, en su intento por superar el brutal asesinato de su mujer y de su hija por el Viajante en Nueva York, cuando todavía era policía. Por ese motivo acaba de tomar la decisión de dedicarse únicamente a delitos de guante blanco.

Cambia de opinión cuando decide aceptar el caso que le presenta un importante hombre de negocios, ex senador por Maine, Jack Mercier. Mercier en nombre de un ex socio suyo, Curtis Peltier, le suplica a Parker que investigue el aparente suicidio de la hija de Peltier, Grace, ex novia de Parker en su juventud.

Grace Peltier trabajaba en ese momento en una tesis doctoral sobre los miembros de una comunidad religiosa, los Baptistas de Aroostook, desparecidos sin dejar rastro en 1964. En su investigación se había encontrado con otro grupo religioso, la Hermandad, dirigido en la actualidad por un charlatán, Carter Paragon.

Sin conexión aparente con este caso, se suceden varios crímenes y el hallazgo fortuito de una fosa común a orillas de un lago en el norte de Maine pone al descubierto un espeluznante asesinato en masa cometido hace más de treinta años. Tal vez los cuerpos pertenezcan a los Baptistas de Aroostook.

Tras un desagradable encuentro con el repulsivo señor Pudd, Parker acude a una extraña pareja formada por sus amigos Louis y Angel, y a su actual pareja Rachel Wolfe, psicóloga criminalista, para que le ayuden.

Como viene siendo habitual en Connolly la novela está salpicada con elementos sobrenaturales. Parker padece frecuentes apariciones de muertos, incluidos la de miembros de su familia. Esta percepción de la realidad puede resultar perturbadora sin llegar a ser fantástica. En general la novela cumple su propósito, se lee de un tirón y al finalizar uno se queda con ganas de continuar leyendo el resto de la serie.

John Connolly (Dublin, 1968) reside en Dublín y pasa parte del año en Estados Unidos, donde se desarrollan sus novelas. Entre las protagonizadas por Charlie Parker ha publicado:
Every Dead Thing (Todo lo que muere), 1999
Dark Hollow (El poder de las tinieblas), 2000
The Killing Kind (Perfil asesino), 2001
The White Road (El camino blanco), 2002
The Black Angel (El ángel negro), 2005
The Unquiet (Los atormentados), 2007
The Reapers (Los hombres de la guadaña), 2008
The Lovers (2009)

Más información en la página web de John Connolly

Perfil asesino
Título original: The Killing Kind (2001)
Autor: John Connolly
Traducción de Carlos Milla Soler
Tusquets Editores S. A.
Barcelona
1ª edición en colección Maxi: mayo 2009
ISBN: 978-84-8383-537-1
368 páginas

Roseanna

Roseanna empieza una tarde de julio cuando, por casualidad, aparece el cuerpo de una mujer joven durante las tareas de dragado en una exclusa cercana al lago Vattern en Suecia. El cuerpo desnudo dificulta su identificación. La policía de Motala, la localidad más próxima, no logra averiguar nada. El subinspector Martin Beck y sus compañeros Kollberg y Melander acuden desde Estocolmo para investigar el caso. El proceso es lento pero con determinación Beck y sus colegas intentan encontrar las piezas que faltan. ¿Quién era esa joven? ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Quién la mató? El ritmo del libro sigue el ritmo de la investigación. Al principio se avanza muy lentamente en la solución del caso, lo que permite al lector conocer a los diferentes personajes, su carácter y su personalidad. Después el ritmo va en aumento y crece a medida que las piezas del rompecabezas empiezan a encajar en su sitio.

El matrimonio formado por Maj Sjöwall (1935) y Per Wahlöö (1926-1975) escribieron, conjuntamente, entre 1965 y 1975, 10 novelas protagonizadas por Martin Beck. Juntos investigaban y urdían la trama de cada novela para después, según tengo entendido, alternarse escribiendo cada uno un capítulo diferente. Cuatro de sus libros han sido llevados al cine. La película más famosa es San Francisco, ciudad desnuda (The Laughing Police), con Walter Matthau como protagonista. Algunos títulos ya habían sido publicados en España en los años setenta por Moguer y, más tarde, Bruguera y Versal lanzaron otros. RBA tiene ahora la intención de publicar la serie completa.

Roseanna no es quizá la mejor de las novelas de la serie, pero es lo suficientemente atractiva como para terminarla casi de un tirón y además es la primera. Esto es importante porque los autores se plantearon originalmente la serie como una secuencia de novelas bajo un título común y su lectura por orden cronológico nos va a permitir apreciar mejor la evolución de cada personaje.

La serie completa está compuesta por los siguientes títulos:
Roseanna (Roseanna, 1965)
El hombre que se esfumó (Mannen som gick upp i rök, 1966)
El hombre del balcón (Mannen på balkongen, 1967)
El policía que ríe (Den skrattande polisen, 1968)
(Brandbilen som försvann, 1969)
(Polis, polis, potatismos!, 1970)
(Den vedervärdige mannen från Säffle, 1971)
(Det slutna rummet, 1972)
(Polismördaren, 1974)
(Terroristerna, 1975)

Una advertencia a la editorial. Debería cuidar más la encuadernación. Las páginas terminan sueltas, algo poco aceptable para un libro de ese precio.

Roseanna
Título Original: Roseanna
Maj Sjöwall y Per Wahlöö
Traducción: Cristina Cerezo y Martin Lewell
RBA Libros S. A.
Serie Negra nº 16
Barcelona 2007
Tercera edición marzo 2007
ISBN: 84-7871-848-6
274 Páginas

La Conquista del Polo Norte

Este documentado libro recoge las principales expediciones al Polo Norte desde que Sir John Franklin desapareciera en 1845 en el Paso del Noroeste hasta 1926, cuando Amudsen, Ellsworth y Nobile, en el dirigible Norge son, probablemente, las primeras personas en ver el Polo Norte.
El libro trata de un sueño: la búsqueda del Polo Norte. Ningún otro punto de la superficie de la Tierra había despertado tanta curiosidad ni había sido objeto de un deseo tan desesperado. Sin embargo nada se encontró en él, salvo el hielo con el que los exploradores habían batallado durante años y poco se demostró, salvo la capacidad de los seres humanos para llegar a unas coordenadas que ellos mismos habían inventado. Se trata pues de una disparatada historia que no necesitaba ser descubierta, su importancia para la navegación ya era conocida y aceptada y su ubicación nunca había estado en duda.

Pero si en cierto sentido es sólo un signo convencional, en los 90º norte uno se encuentra en un punto en el que el tiempo y la dirección se extienden hasta sus límites conceptuales: en el transcurso de un año hay un solo día y una sola noche; un corto paseo abarca todos los puntos de la brújula; en el plazo de unos minutos uno cruza todos los husos horarios de la Tierra. Es lo más parecido a abandonar el planeta sin realmente abandonarlo.

El Polo Norte fue la meta más grande que el género humano se fijó a si mismo en los siglos XIX y XX y hoy en día continúa siendo el paradigma de la exploración. Desde el decenio 1920 ha sido visitado muchas veces y de diversas maneras. En 1948 una expedición al mando de Kuznetsov fue en avión al Polo y se convirtió en la primera persona en poner los piés en él de forma indiscutible. Un estadounidense, Ralph Plaisted, fue allí en trineo motorizado en 1968. Un británico Wally Herbert, fue en trineo en 1969, apoyado por suministros lanzados en paracaídas, y su expedición fue la primera en atravesar la banquisa ártica.

Hay cinco Polos Norte: el geográfico, el casquete fijo y absoluto del globo; el magnético, el que señalan nuestras brújulas y no es estacionario; el geomagnético, que centra el campo magnético de la Tierra; el de la Inaccesibilidad, el punto en el Océano Ártico más alejado de todas las tierras circundantes; y el Polo Norte Celeste, punto imaginario ubicado al norte del cielo hacia donde apunta el eje de rotación terrestre. Esto no lo sabía John Cleve Symmes, su teoría era que en los extremos de la tierra había unas entradas donde se alojaban otros mundos. En el momento de su muerte (1829) el “agujero de Symmes” había pasado ya a ser sinónimo de patraña, pero el atractivo de un agujero polar no desapareció.

Otra teoría más racional afirmaba que el Polo Norte era un mar templado. A su favor estaba el hecho de que se sabía que el hielo fluía hacia el Sur y que no había tierra en el Polo Norte porque, en caso contrario, el hielo se habría pegado a ella. John Burrow, segundo secretario del Almirantazgo británico de 1804 a 1845 creía apasionadamente en el mar polar abierto. en 1845, tres años antes de morir, envió a Sir John Franklin en busca del Paso del Noroeste. Franklin zarpó con dos de los mejores barcos rompehielos de la Armada británica. Llevaban provisiones para siete años, cubertería de plata y 1.000 ediciones encuadernadas de la revista Punch. No había ninguna probabilidad de que algo saliera mal. entró en el Ártico y ni él, ni sus barcos, ni sus 136 oficiales y marineros volvieron a ser vistos jamás. Su búsqueda empujó a futuros eploradores a buscar el Polo Norte. Amudsen, conquistador de ambos polos, todavía citaba en 1927 a Franklin como inspiración.

Un rasgo sorpredente de la exploración del Ártico en el siglo XIX es que sus instigadores y participantes se negaban a aprender las lecciones del pasado. Cualquiera podía haberse dado cuenta de que la clave para sobrevivir en el Ártico residía en adoptar la dieta y la indumentaria de los esquimales. Sin embargo, la idea de la supremacía europea seguía informando todas las expediciones. Desde 1830 se sabía que la carne fresca y las verduras tenían el escorbuto a raya y, pese a ello, las expediciones se hacian con las bodegas repletas de provisiones saladas. Todos los indicios hacían pensar que el mar Polar abierto no existía y, pese a ello, una y otra vez zarpaban expediciones para descubrirlo. Los trineos tirados por perros eran, con mucho, el medio de transporte más eficaz, así que numerosos exploradoes utilizaban grandes trineos tirados por hombres. Donde estaba demostrado que los barcos pequeños eran más eficaces, se empleaban barcos grandes y viceversa. Donde saltaba a la vista que la mejor forma de alcanzar un objetivo era viajar por tierra, en vez de ello se mandaban barcos. Y cuando se recomendaba ponerse en marcha pronto era habitual zarpar demasiado tarde. Sin embargo es fácil criticar retrospectivamente, la política, las diferencias de opinión, el paso de los años y la transmisión fatalmente lenta del conocimiento del Ártico fueron más culpables de estos fracasos que la estupidez y el empecinamiento.

Fué Nansen quien en 1888 introdujo un nuevo método de exploración en el Ártico: el método del deportista. El principio en el que se basaba el nuevo método consistía en limitar el número de participantes y seleccionar un grupo reducido y bien preparado en el cual todos vayan al mismo paso. Sería el método que emplearía Roald Amudsen para arrebatarle el Polo Sur a Scott en 1911. Nansen también dió con una dieta antiescorbútica por pura casualidad. Su éxito fue debido a una moda dietética de su tiempo, según la cual la variedad era importante para gozar de una salud excelente.

Sobre la polémica de si Peary llegó o no efectivamente al Polo Norte podemos anotar los siguientes datos:
1. Los hombres que le acompañaron en el último momento, Hensen y cuatro esquimales, no sabían hacer observaciones con un sextante. Peary hizo trece observaciones para asegurarse de su posición y describió minuciosamente la manera en que las tomó. Sin embargo no hizo ninguna observación de la longitud, porque suponía que estaba en el mismo meridiano que el cabo Columbia. En su defensa hay que decir que la longitud no tenía importancia en una carrera en pos de la altitud más elevada, pero era algo que podía medirse y debería haberse medido y que influyó en las distancias diarias que le llevaron al polo, porque, de haberse visto llevado al este o al oeste, la desviación le habría colocado varios kilómetros al sur.
2. Partieron al norte en la mañana del 2 de abril de 1909 y, de forma inexplicable, cobraron velocidad. Más de cuarenta y ocho kilómetros diarios era una velocidad increible, aunque el hielo hubiera estado tan liso como una torta. Peary reconoció en su diario que el hielo se movía y, si el hielo se movía -como es frecuente-, entoces su presión formaría crestas, como muestra la moderna fotografía en la región que Peary afrimó haber recorrido.

Si uno acepta que no hubo deriva hacia el sur durante aquellos cuatro días y que puede que la deriva fuera hacia el norte; si uno acepta que no hubo deriva longitudinal tampoco; si uno acepta que no encontró crestas formadas por la presión en su avance en línea recta hacia el polo y, si uno acepta sus observaciones de la latitud, entoces y sólo entonces, podría Peary haber hecho lo que hizo. Es imposible, no obstante, aceptar lo que Peary hizo a continuación. En cincuenta y seis horas habian atravesado unos doscientos quince kilómetros de hielo polar lleno de grietas que habían tardado cuatro días en cruzar cuando se dirigían al norte.

Peary quizá no había estado en la cima del mundo, pero poco le había faltado para conseguirlo. De haber hecho aquellos kilómetros extras, ¿qué hubiera probado? Que podía leer un sextante un poquito más al norte. No hay nada que diferencie fisicamente el polo de sus alrededores: ningún palo, ninguna piedra, ninguna cumbre, ninguna tierra, ningún tesoro escondido, ninguna raza de seres extraños. No hay nada que encontrar excepto el límite de la propia capacidad de aguante y una prueba de tus habilidades náuticas. eso lo sabemos ahora y, de acuerdo con estos criterios, Peary tiene mercida su fama.

Fergus Fleming nació en Gran Bretaña en 1959, estudió en Oxford y en la City University de Londres. Durante seis años trabajó como redactor para Time-Life-Books, hasta que en 1991 comenzó una exitosa carrera como autor de reportajes y libros sobre grandes expediciones. Ha publicado, entre otras obras, Killing Dragons. The conquets of the Alps, Cassell’s tales of endurance y Barrow y sus hombres.

Enlaces: El Cultural, Montañismo y Exploración, La Conquista del Polo Norte

Título: La Conquista del Polo Norte
Título original: Ninety degrees North. The Quest for the North Pole
Autor: Fleming, Fergus
Traducción: Jordi Beltrán Ferrer
Tusquets Editores S. A.
Colección : Tiempo de Memoria 63
1ª edición: abril de 2007
Barcelona
ISBN: 978-84-8310-394-4
512 Páginas

La Hipocresia de los hombres civilizados

La Hipocresía de los hombres civilizados, magnífico artículo de Sebastián Álvaro en su blog Una Vida al Filo. Por cierto habría que recordar que Luis Amadeo de Saboya, Duque de los Abruzos, nació en Madrid, cuando su padre Amadeo I de Saboya, era rey de España.

Ángel González, de viva voz